“Globalización” se ha convertido en una palabra dogmática. Es difícil escuchar un discurso donde no sea utilizada. Pero, ¿qué es la globalización? En principio se entendía únicamente en términos económicos, es decir, como la tendencia de mercados y empresas a extenderse a nivel mundial traspasando fronteras nacionales. Existen dos opiniones sobre la existencia o no de este fenómeno: los escépticos consideran que la economía globalizada no difiere de la existente en periodos anteriores; los radicales afirman la realidad de la globalización económica y enfatizan la pérdida de soberanía de los Estados nacionales, así como la incapacidad de los políticos para influir en los acontecimientos. Para Giddens, la mayor diferencia que establece la globalización, con respecto a modelos anteriores de economía mundial, es el nivel de flujos financieros y capitales: cantidades enormes de dinero pueden ser transferidas electrónicamente, de un lado del planeta al otro, en segundos, desestabilizando economías que parecerían sólidas. (1)
Habría que preguntarnos si la globalización es sólo un fenómeno económico. Parece que no. En caso de conceder que el cambio de los medios de comunicación es una causa de la economía global, no podemos dejar de lado que también ha influido en la esencia de nuestra vida cotidiana. La media (televisión, radio, internet) incide directamente en mostrarnos la forma de vida de individuos de lugares remotos; es un reconocimiento virtual, generalmente de personalidades a quienes, incuso, identificamos más que a vecinos. Dichas comunicaciones acercan a los gobiernos del planeta, quienes comienzan a trabajar en fines comunes. Incluso herramientas electrónicas como el Messenger vinculan a personas en todo el planeta, facilitando la comunicación de tiempo real en interfaz accesible. Entonces, la globalización es tecnológica, política y cultural, además de económica.
Los flujos económicos son la fuerza motriz de la globalización; han sido moldeados por la tecnología, la difusión cultural y la desregularización de las economías nacionales.
La globalización implica una serie de procesos muy complejos: transformación de los sistemas familiares a causa de la incorporación de la mujer al mercado laboral; resurgimiento de nacionalismos regionales ante la falta de capacidad del Estado nación para solventar pequeños problemas; una occidentalización cultural, o quizá una americanización, ejemplificada por Coca-Cola, McDonald’s, Starbucks, etc., no obstante, también ha generado una “colonización inversa”, esto es, países no occidentales están influyendo en pautas culturales occidentales, baste señalar la latinización de Estados Unidos, o la influencia musulmana en el sur de Francia.
Ahora bien, ¿qué influencia podría tener la sociedad industrializada en sus integrantes? Al generar productos, la industria necesita consumidores, y los crea. Este es el primer paso para un cambio de mentalidad: el ser humano se ve a sí mismo como un bien consumible, algo que puede venderse o comprarse de acuerdo a un valor que depende de factores externos. El deseo de consumir lo ocupa absolutamente, se convierte en un sistema de deseo-satisfacción, nunca está solo consigo mismo, no hay tiempo: trabaja para divertirse y satisfacer sus deseos. Pero la industria no sólo ocupa consumidores, también necesita de esclavos en libertad aparente, que formen parte dentro del proceso de producción, un ser para cumplir una función específica. Un individuo que sea fácilmente manipulable y predecible, quien pueda ser estandarizado en gustos, quien pueda integrarse al común de la sociedad, fácilmente adaptable: la industria requiere autómatas. (2)
A causa de la industrialización se está creando un proceso general de deshumanización, que transpone los ideales de cultura en la formación del ser humano, para hacer hincapié en una formación técnica, científica, enfocada en el desarrollo de las facultades productivas racionalmente dirigidas. (3)
Así pues, la industrialización influye de modo directo en el carácter del hombre moderno. Ahora ¿cuál es la influencia de la globalización? Bien, la industrialización y la producción capitalista son dos de las principales características de los países desarrollados de occidente. Éstas fomentan en el ser humano las conductas ya comentadas. En tanto, la globalización, fuente de difusión del modo de vida en sociedades occidentales, genera un ambiente propicio para la asimilación de los estándares conductuales occidentales en otros lugares del orbe, entre ellos la formación del ser autómata requerido por las sociedades industrializadas.
¿Cómo logra la sociedad industrializada formar su ser humano perfecto? Lo ejecuta por medio de controles sociales. Reduce la sociedad a un dominio que en el fondo es militar, caracterizado por la extrema organización técnica, científica y económica del mundo (4). La sociedad moderna tiende a ser totalitaria, impone sus exigencias económicas, políticas, laborales, culturales e intelectuales: moldea. En este tipo de sociedades el poder político se fundamenta en el aparato industrial, en la capacidad de generar producción de bienes y servicios; la producción misma moviliza por entero a la sociedad. Los controles sociales en sociedades industrializadas exigen la necesidad de producir y consumir el despilfarro, el desarrollo de la necesidad de un trabajo y modos de descanso para aliviarlo y prolongar la enajenación, la necesidad de que exista una libertad de consumo entre diversos productos y servicios.
En fin, el aparato de producción, y los bienes y servicios que oferta, vende su sistema social como un todo. Me explico: Los medios de comunicación de masas –la televisión (5)-, el vestuario, las diversiones, la alimentación, las viviendas, la información, etc., llevan consigo subrepticiamente rasgos de conducta, hábitos preestablecidos, ciertas reacciones emocionales e ideológicas estandarizadas que vinculan de modo agradable a los consumidores con los productores. En cuanto los productos en venta pueden ser adquiridos por el vulgo, se vuelven formas de vida. Así surge lo que Marcuse llama el hombre unidimensional, aquel que solamente puede concebir un tipo de universo, que efectivamente consiste en el que vive (6). De tal modo se moldea al ser humano ideal para la industrialización.
M.A. Nambo
NOTAS:
(1) Giddens, Anthony, Un mundo desbocado. Los efectos de la globalización en nuestras vidas, trad. Pedro Cifuentes, 11ª reimpresión, México, Taurus, 2007, p. 22 y ss.

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