La crítica del pasado confirma su presencia. El pasado no está muerto, convive cuando lo traemos a nuestra presencia. Los presocráticos dan vuelta hacia atrás: no sólo citan a sus antecesores, sino que dialogan con ellos. Este diálogo crítico revela la unidad de la filosofía en su historia.
La pretensión de la “verdad” lleva a pensar que las ideas están situadas fuera del tiempo. La verdad no revive, nunca vive porque lo que vive tiene que morir, y la verdad es eterna. Esto induce a pensar que la verdad no puede ser histórica.
El criterio exclusivo de la verdad se ha adoptado en la época moderna. En este orden, la historia sería el recuerdo de lo que ya no sirve, o la vivencia de lo que sirve, y se libra de la historicidad. Así, la historia de la filosofía no podría ser una ciencia filosófica, sino una simple historiografía, aquella que exhumara lo pasado, lo desechado. Esto le hace pensar a Nicol que la historia de la filosofía no puede ser científica si no es histórica la filosofía misma.
El proceder crítico de los griegos revela nexos del presente con el pasado, sin saberlo empiezan a hacer historia de la filosofía. La filosofía se convierte entonces en un diálogo constante: el panorama teórico de los antecedentes precede al planteamiento abstracto del problema.
El resultado teórico de este diálogo crítico, según Nicol, son: aceptación del pasado, rechazo a éste, o una transformación, es decir, aceptación y negación del pasado. Lo verdadero se adapta cuando se adopta. La verdad no es ni completa, ni definitiva.
Tradicionalmente se ha creído que el método para hacer historia de la filosofía es una variante del método historiográfico general. Esto es inaceptable: no se puede filosofar sin tener una conciencia histórica, y no se puede hacer historia de la filosofía sino partiendo de una idea sistemática de la filosofía.
La historia, en su acepción actual, implica un concepto peculiar del tiempo, es el conocimiento del pasado o el pasado mismo. Pero la historia sólo se ocupa de los sucesos humanos; las cosas no tienen el mismo tiempo que nosotros. El término “suceso” se ocupa para designar acontecimientos humanos, individuales o colectivos. Un suceso es aquello que tiene consecuencia. El hombre es el autor del los sucesos y es sujeto de cambios sucesivos. A las cosas materiales nunca les sucede nada, no tienen ni pasado ni futuro.
Todas estas significaciones de la palabra “historia” no las tenía desde un inicio. Los griegos utilizaban historein para referirse a una averiguación, una indagación o comunicación de averiguaciones, sin previa delimitación de un objeto específico. Esta palabra apareció por vez primera en Heráclito B129; Platón nos habló de peri physeos historian, o historia de la naturaleza de las cosas. En Herodoto, historia empieza a tomar la connotación del relato de sucesos humanos, apuntando a lo que vendría a ser la historia como disciplina especial. Un siglo después de Herodoto y Tucídides, el significado de la palabra “historia” en los textos filosóficos, indicaba que los griegos no consideraban a la historia como una ciencia y que no percibieron la realidad que constituía la misma. La filosofía griega no alcanzo el grado de autoconciencia superior que es aquél de la conciencia de su propia historicidad, ni pudo elaborar una idea del hombre como ser histórico.
Fue con Hegel que la historia de la filosofía alcanzó el carácter de disciplina científica específica. Se concibió entonces como la reflexión sistemática de la filosofía sobre su propio pasado, sobre su forma procesal. Hegel no hace un relato de las doctrinas filosóficas en orden cronológico, sino una reflexión filosófica, una filosofía de la historia de la filosofía. Hegel se da cuenta que la historia de la filosofía no se debe ocupar de lo que fue, sino de lo que es, pues, es ciencia porque se ocupa de lo permanente en filosofía. Ahí radica la radical conversión que inicia Hegel.
Nicol añade que existe una armonía en los contenidos filosóficos. La “armonía”, utilizada por Heráclito y que después se llamaría “orden dialéctico”, requiere temporalidad, pluralidad y unidad. El curso histórico es unitario. Y lo que nosotros somos hoy, lo somos al mismo tiempo como producto de la historia.
Nicol nos señala que la tarea de “historizar” la filosofía y de “filosofar” la historia, empieza con Hegel, pero no termina ahí, y concluye que cada acto filosófico reproduce el acto inaugural, con los mismos componentes. Queda la filosofía y el ser con vocación para la misma. La filosofía, o la razón que piensa con vistas a la verdad, es acción concreta porque es praxis. Esta praxis es póiesis, la cual es siempre la misma: habrá filosofía miestras exista un ser que sienta philya de la sophia.

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